Se puede vivir en la incertidumbre?
Los venezolanos tenemos demasiado tiempo viviendo en un país que aporta montos importantes de incertidumbre a sus ciudadanos.
No es poca cosa, o detalle nimio, el que en materia de política, economía y derechos fundamentales, tengamos que despertarnos cada día descubriendo una situación nueva, insospechada o sorpresiva.
No pareciera necesario hacer un inventario de todos los sobresaltos que hemos vivido a lo largo de por lo menos tres décadas, y que resultan imposibles de olvidar así no más. Sin embargo, este año 2019, cada mañana debemos constatar sí hay agua corriente, sí tenemos luz eléctrica, sí habrá escuela para nuestros hijos, sí conseguiremos transporte para movilizarnos, qué convocatorias de protestas han hecho nuestros líderes políticos y en qué vías públicas se concentrarán.
Todos estos eventos que atentan diariamente contra cualquier posibilidad de planificación, pueden sacar de control a cualquier persona por poco planificada que ésta sea.
No somos un gentilicio con fama de ser organizados. El lema, popularizado justo en los inicios del desastre, según el cual "como vaya viniendo vamos viendo”, se impone por estos días como una sentencia enorme, una aplastante marca de identidad.
No es poca cosa, o detalle nimio, el que en materia de política, economía y derechos fundamentales, tengamos que despertarnos cada día descubriendo una situación nueva, insospechada o sorpresiva.
No pareciera necesario hacer un inventario de todos los sobresaltos que hemos vivido a lo largo de por lo menos tres décadas, y que resultan imposibles de olvidar así no más. Sin embargo, este año 2019, cada mañana debemos constatar sí hay agua corriente, sí tenemos luz eléctrica, sí habrá escuela para nuestros hijos, sí conseguiremos transporte para movilizarnos, qué convocatorias de protestas han hecho nuestros líderes políticos y en qué vías públicas se concentrarán.
Todos estos eventos que atentan diariamente contra cualquier posibilidad de planificación, pueden sacar de control a cualquier persona por poco planificada que ésta sea.
No somos un gentilicio con fama de ser organizados. El lema, popularizado justo en los inicios del desastre, según el cual "como vaya viniendo vamos viendo”, se impone por estos días como una sentencia enorme, una aplastante marca de identidad.
¿Es posible sobrevivir a estos niveles de incertidumbre?
Los dirigentes políticos de oposición y los miembros del gobierno, en sus declaraciones, envían mensajes de certeza y certidumbre, que en realidad no se corresponden en lo absoluto con el sentir del ciudadano común. El ciudadano común sorprendido con cada nuevo anuncio, no sabrá en las primeras de cambio que implicaciones trae la noticia y si podrá responder a ese mensaje sorpresivo.
Se nos pide confianza y colaboración a la vez que se nos arroja en un mar de incógnitas.
Se nos pide confianza y colaboración a la vez que se nos arroja en un mar de incógnitas.
Dónde podemos encontrar las certezas que como estacas nos permitan mantenernos a flote en esta arena movediza?
Desde el gobierno los mensajes frente a cada nueva interrupción de un servicio público fundamental, pretenden mostrar que existe capacidad de respuesta para regularizarlo pero en la práctica poco a nada se cumple sobre lo prometido. No sólo se aprecia una incapacidad del ejecutivo para asumir responsabilidades, sino que la gente misma termina por descubrir que se le miente y que se niegan realidades mucho más crudas, que nos toca constatar a diario.
Por su parte, los dirigentes de oposición también generan mucha incertidumbre. Se traza un camino de lucha y reinvindicaciones en el que se pretenden mostrar montos elevados de infalibilidad. Se nos pide confianza y colaboración, sin embargo los cambios que se van produciendo en la práctica, y que corresponden probablemente a las dinámicas propias del terreno político, pueden confundir y dejar demasiadas preguntas sueltas.
Los ciudadanos comunes en este sentido, cargamos con mucho más de lo que deberíamos en todo este proceso.
Por su parte, los dirigentes de oposición también generan mucha incertidumbre. Se traza un camino de lucha y reinvindicaciones en el que se pretenden mostrar montos elevados de infalibilidad. Se nos pide confianza y colaboración, sin embargo los cambios que se van produciendo en la práctica, y que corresponden probablemente a las dinámicas propias del terreno político, pueden confundir y dejar demasiadas preguntas sueltas.
Los ciudadanos comunes en este sentido, cargamos con mucho más de lo que deberíamos en todo este proceso.
Mucha gente ha aprendido o ha desarrollado recursos que le permiten ir toreando la tempestad. Pero no todas las personas tienes esa posibilidad. De que depende?
En un momento en donde la realidad externa no aporta confianza, ni certidumbre hay que poder desarrollar y buscar fuentes internas de tranquilidad y equilibrio. Fuentes de certeza y placer interior. No todos contamos con esos recursos, que se desprenden de nuestra personalidad e historia personal. En este punto el elemento psicológico resulta fundamental. Un proyecto personal, una vocación de servicio, el cultivo de ciertos gustos estéticos. La constancia que significa seguir apostando con tu trabajo a un país mejor, aunque todos los vientos jueguen en contra.
Cuando el Estado y sus instituciones no ofrecen la estructura necesaria para infundir estabilidad, y apuntalar la contribución de los ciudadanos hacia el logro. Cuando los dirigentes políticos, representados en varios de los partidos , no pueden asumir su labor de conductores, sin someter aún a más sacrificios y carencias a su población, podemos afirmar, entonces, que estamos huérfanos.
La situación de la actual dirigencia política venezolana es en muchos sentidos penosa, se asemeja a la de aquellos adultos insuficientes que exigen más de lo que aportan. Son una casta que "han aprendido a vivir de sus padres hasta que puedan vivir de sus hijos”. El gobierno siempre bajo la sombra de los escasos logros de Chavéz. La oposición…ustedes me dirán!
Quizás por deformación profesional, por mi trayectoria como psicoanalista de niños y adolescentes, no puedo dejar de considerar como un signo muy importante de nuestra crisis actual el abandono de las instituciones del Estado a la infancia y la juventud. El abandono de la educación, de la salud y alimentación de los niños, la suspensión de tantos programas sociales dirigidos a ellos.
Pero también, no puedo dejar de preguntarme en esta hora de incertidumbre, si Leopoldo Lopez, dirigente al que valoro por su gestión como Alcalde de Chacao y como dirigente político, a quién reconozco que el gobierno ha intentando anular… pero me pregunto: ¿será que el dirigente de VP no evaluó las consecuencias que su última acción política, del 30 de Abril, podía tener sobre su más pequeña hija? No consideró los riesgos que dicha acción podría imprimirle a la estabilidad emocional de su niña? Antes él era el preso, ahora son tres. Quizás este comentario incursiona en el terreno de lo íntimo de su situación, que no necesariamente tenemos que saber.
Pero como digo una niña, digo todos los niños venezolanos, que lo más suave que han tenido que asumir en lo que va del 2019 es la pérdida del año escolar. A quién le importa el abandono de la escolarización y de la educación?, a quién le importa tantos muchachos que son usados como carne de cañón en las protestas? o aquellos que ve uno ahora diariamente metidos en el Guaire buscando disque oro?
Pero también, no puedo dejar de preguntarme en esta hora de incertidumbre, si Leopoldo Lopez, dirigente al que valoro por su gestión como Alcalde de Chacao y como dirigente político, a quién reconozco que el gobierno ha intentando anular… pero me pregunto: ¿será que el dirigente de VP no evaluó las consecuencias que su última acción política, del 30 de Abril, podía tener sobre su más pequeña hija? No consideró los riesgos que dicha acción podría imprimirle a la estabilidad emocional de su niña? Antes él era el preso, ahora son tres. Quizás este comentario incursiona en el terreno de lo íntimo de su situación, que no necesariamente tenemos que saber.
Pero como digo una niña, digo todos los niños venezolanos, que lo más suave que han tenido que asumir en lo que va del 2019 es la pérdida del año escolar. A quién le importa el abandono de la escolarización y de la educación?, a quién le importa tantos muchachos que son usados como carne de cañón en las protestas? o aquellos que ve uno ahora diariamente metidos en el Guaire buscando disque oro?
Son esos detalles elocuentes los que me llevan a pensar que en esta situación de emergencia, los dirigentes han perdido el norte de toda lucha, y un mínimo de consideración sobre ciertas situaciones fundamentales que no se pueden arriesgar, así no más.
Es por ello que creo que cada uno de nosotros, para no sucumbir a esta dura situación, debemos volcarnos hacia nuestra realidad ínterna y buscar dentro de nosotros y entre nuestros recursos esa “estaca”, que impedirá que nos hundamos en esta tierra movediza que es hoy Venezuela. Se puede vivir en la incertidumbre, si existe una certidumbre interior. Olvidemos por un rato que alguién nos va a ayudar.