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Pensando la función parental en tiempos confusos y convulsos. Especialmente dirigido a los padres de Venezuela e Hispanoamérica.
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martes, 22 de enero de 2013

Cuando se moja la cama




"Al nacer y hasta el primer año de vida se asume naturalmente y casi con unanimidad que los pequeños necesitan del pañal. Pero una vez lograda la marcha, cuando los bebés comienzan a caminar, surge la duda entre los adultos: “Habrá llegado el momento de ponerlos en el orinal?, ¿a qué edad se debe iniciar la educación del control de esfínteres?, o ¿a partir de qué edad la incontinencia (o enuresis) constituye un problema a considerar?’’.
La aparición y masificación de los pañales desechables ha añadido un nuevo ingrediente a la situación. Cuando eran exclusivamente de tela, las madres tendían a introducir el vasito desde temprano. No sólo por el gran trabajo que representaba limpiar y lavar los pañales, sino además porque su escasa absorción podía propiciar un problema de salud en el pequeño, sobre todo en climas fríos. Con los desechables las madres dejaron de ver en la incontinencia de sus hijos un trabajo desagradable y un peligro para su bienestar.
Hoy en día, la mayoría de los pediatras y especialistas en niños refieren los dos años como la edad indicada para iniciar la transformación. Sin embargo, resulta importante reconocer que existen diferencias individuales y de género. No todos los niños se hacen continentes de la misma manera o al mismo tiempo. Tampoco todas las madres suelen tolerar igual esta etapa de transición. La continencia esfinteriana es un hecho que tarde o temprano todos los padres esperan de sus hijos. La razón por la cual se subrayan los veinticuatro meses como el momento adecuado corresponde al hecho de que la continencia es el resultado de un proceso de madurez y desarrollo neurofisiológico que culmina aproximadamente a esa edad. Desde la perspectiva actual, el abandono del pañal es una situación natural del crecimiento, y la educación consistirá únicamente en enseñar al niño a depositar sus excrementos en el lugar destinado para ello. No se educa a los esfínteres cuyo funcionamiento responde a factores biológicos; se enseña al sujeto las normativas sociales de ubicación de los productos de su cuerpo. Las niñas suelen aprender más rápidamente que los varones por características de tipo constitucional y fisiológico, no porque sean más “pilas” que ellos, como alguna vez se pensó.
Los aspectos psicológicos, sin duda, influyen en esta situación y es entre ellos que suelen inscribirse los problemas de enuresis. La ausencia de control sobre la orina se considera un síntoma después de los cinco años, aunque para la edad de tres se supone que debe estar adquirido el control. La enuresis puede ser simplemente nocturna o general, puede presentarse después que se ha adquirido el control, como un retroceso o ser de tipo primario, es decir, sin que antes se haya sido continente.
Para las psicoanalistas venezolanas Alicia Leisse y Ana Teresa Torres, la enuresis puede representar una forma de rebelión del niño, cuando éste ha sido sometido a una disciplina rígida y precoz con medidas estrictas sobre la adquisición de todos los hábitos, o también en situaciones en donde el niño ve amenazada su seguridad por algún acontecimiento externo: “La llegada de un hermano, comienzo de la escuela, divorcio, pérdida de alguna figura importante”; en estas circunstancias se suele regresar a una etapa anterior del desarrollo. Después de un traumatismo, una intervención quirúrgica, una enfermedad e incluso luego de ataques sexuales, la incontinencia se manifiesta con frecuencia. Por último, “la enuresis puede ser el resultado de la falta de educación evacuativa, siendo el orinarse en la cama más bien una pauta familiar”.­
La educación de los pequeños sobre este aspecto del desarrollo es un proceso que toma tiempo. Se debe estar atento al ritmo natural de las evacuaciones que va mostrando el niño y poder anticiparse a éstas, sin necesidad de obligarlo a permanecer sentado largas horas en la bacinilla. Colocarle ropa interior de tela, aunque resulta más trabajoso para el adulto, permite que el infante perciba de manera directa las consecuencias de sus actos. Es básico darle a conocer que el resto de sus seres queridos hacen pipí y pupú únicamente en el espacio de la casa que se conoce como baño. Por ello, la bacinilla debe ser ubicada y utilizada siempre en este recinto. Sentar al hijo en la cocina, frente al televisor o incluso en la sala mientras se atienden algunas visitas, forma parte de una actitud exhibicionista que el propio pequeño resentirá.
En ocasiones, el control nocturno se adquiere un poco más tarde. No por ello hay que estar despertando al chiquito durante toda la noche para que vaya al baño. Pero debe crearse el hábito de vaciar la vejiga, junto a otras actividades higiénicas, antes de irse a la cama. No obstante, si el problema ya está instalado y el niño moja la cama repetidamente, más allá de las medidas educativas los padres deben reconocer que se trata de un síntoma. Que no es una actitud voluntaria del niño y que siempre requiere atención especializada. El sentido común asegura: “un niño enurésico no se mejora obligándolo a lavar la ropa mojada”.

Del libro Aprender a ser padres de María del Carmen Míguez. Dahbar ediciones, Caracas. 2012

sábado, 19 de enero de 2013

Dibujos infantiles sobre sus familias



"Las familias felices son todas iguales; las familias infelices lo son cada una a su manera." León Tolstoi




Odio a mi hermana
Mi hermano es un extraterrestre

Algunos ven a su familia en blanco y negro y otros a todo color!


  Hay quienes se mueven en sus familias como en una competencia de skate. Alto riesgo



viernes, 4 de enero de 2013

No todas las casas de la infancia tienen chimenea


El dibujo de la casa es considerado por el psicoanálisis una forma de representación del sí-mismo. Muchos niños, cuando les pides que dibujen algo, dibujan una casa y con ella expresan de manera condensada los distintos factores - reales o fantaseados- que están en juego en su actual situación vital. Hay tantas casas en la mente de los niños, que resulta interesante ver como hacen presencia o no, los elementos clásicos en sus dibujos. Hay casa voladoras, que no tiene piso. Hay casas planas sin profundidad. Casas pálidas o sobre coloreadas. Hay casa sin ventanas, ni chimeneas, asfixiantes. Hay casas del recuerdo y casas de locura. A veces, tampoco hay casa alguna que se pueda dibujar!



Pálida

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El grito junto al arco iris
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En una curva inestable
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no hay casa
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los molinos de Don Quijote. Luchando contra el viento

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añoranza de mi terruño
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la casa gorda de mi mamá
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casa piramidal y vigilada
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les informo que en la casa todos están durmiendo
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Castillo cortado. No hay nadie porque se fueron

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saturada de afecto
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la fachada de mi casa es como una horca
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Me cabo de dar cuenta que mis papás, quizás no me quieren


No tengo mucho que decir
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el piso de mi casa es de madera y quedó un poco ensangrentado
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otro molino
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casa con ascensor
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un borrón de casa
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una gran ventana o un hueco?
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Casa plana. Aquí las brisas fuertes y las tempestades pasan por encima

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por dentro solo una ligera sombra
                                                               

Pensativa frente a su propia imagen

 (foto J.L. Delmont)

La imagen en el espejo, confirmación indispensable de la identidad.