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Pensando la función parental en tiempos confusos y convulsos. Especialmente dirigido a los padres de Venezuela e Hispanoamérica.
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Mostrando entradas con la etiqueta madres conectadas a la tecnología. Demanda emocional de los bebes hacia sus madres. Apego. Mostrar todas las entradas
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domingo, 3 de marzo de 2013

Entre el bb (blackberry) y el bebé


Cada 10-15 minutos revisa el chat, se pasea por los twitts, actualiza Facebook, Blackberry Messenger. Para Diana es casi un comportamiento automático. Portar el bb abierto en todo momento es su manera de sentirse acompañada, en contacto con…
 Si en algo son parecidos los celulares inteligentes y los bebés, son en el tiempo corto que imponen a los demás, y respetando las particularidades de su materia originaria, en su pequeña y frágil humanidad. Un recién nacido demanda contacto cercano y frecuente, cuerpo a cuerpo con su madre. Que los dedos recorran su cuerpecito con la misma suavidad con la que se recorre la pantalla táctil de un Iphone. Que se los explore con cuidado y atención. Que se sepan leer sus estados fisiológicos y anímicos. Que se les dé información. Palabras de reconocimiento. Justamente, el germen de una inteligencia que tendrá que cultivarse desde múltiples entradas. 
Una mujer que acaba de tener su primer bebé, también necesita  sentirse inteligente, conectada, moderna. Teme que su bebé la saque del terreno de la comunicación global para sumergirla en un territorio ignoto de lenguajes indescifrables, sustancias viscosas. Esto le sucede a Diana. Acaba de tener su primer hijo, quizás demasiado pronto aunque su edad cronológica no lo confirme. Un destello fugaz de su consciencia y sentir le dicen que no está preparada.  Pero ¿cómo reconocerlo ahora? La experiencia la ha mantenido exhausta y asustada desde el primer día del parto. Atrás quedaron 9 meses de embarazo, las ilusiones que proporcionaron los preparativos, la alegría de sus padres. Todos los mensajes y post que nutrieron sus redes de contacto durante nueve meses.
Ahora se siente sola, descolgada. Con un cuerpecito inquieto al lado que no puede manejar. El mundo afuera, en su red de amigos sigue circulando y ella lo observa como desde otro mundo. Debería hacer algo para involucrarse pero no sabe qué. Tampoco sabe cómo hacerlo ahora que no está sola. En sus manos aparece el nerviosismo. Sube y baja incesantemente por la cadena de twitter. Abre y cierra el Messenger para buscar las actualizaciones. ¿De qué manera podría seguir participando?
Lo único que se espera de ella son imágenes: El niño comiendo, durmiendo, en el baño, cambiándole el pañal. Su viejo mundo de esposa joven y profesional se ha desvanecido. No puede pensar bien, su cabeza reporta la falta de sueño. Busca incesantemente algo que la conecte con un mundo diferente a las opiniones sobre la lactancia, los cólicos o las formas de estimulación temprana. ¡Qué fastidio! Abre y cierra ventanas desde su teléfono. Teclea algún mensaje corto. Sus manos logran la experticia cuando se trata de manejar el bb.
Diana entiende, entonces, que nunca fue preparada para esto. Un bebé es como regresar a un mundo arcaico de presencia continua y contacto real. Hay que aprender a mantener la conexión. Uno no  puede descolgarse a su antojo. Apagarlo o guardarlo para olvidarse que cargaremos con él por un tiempo largo e indefinido.

María del Carmen Míguez