___________________________

Pensando la función parental en tiempos confusos y convulsos. Especialmente dirigido a los padres de Venezuela e Hispanoamérica.
____________________________________________________

lunes, 7 de octubre de 2019

Niños sin hermanos


















Los hermanos –cómo no decirlo– son aquellos seres que llegan para mostrar la diferencia. Son hijos de los mismos padres, con la misma herencia biológica y social, aproximadamente de la misma generación y, sin embargo, son otros radicalmente distintos en muchas cuestiones. A los hermanos los une una relación vitalicia y, aunque el tiempo y la madurez los distancien, ellos siempre aparecen en épocas de celebración y de crisis: bodas, nacimientos, velorios y divorcios. Casi siempre entre hermanos se aprecia la similitud y la diferencia, un espacio de intimidad y uno de separación.
En opinión de la analista junguiana Christine Downing, “ese carácter duradero contribuye a que sea la relación más segura en la que poder expresar hostilidad (más segura que la relación con nuestros padres, pues nunca dependemos tanto de un hermano como dependemos de los padres en la infancia –y en la imaginación); por ello el vínculo entre hermanos del mismo sexo es probablemente el más tenso, volátil y ambivalente que nunca conoceremos”.
Del mismo sexo o no, la experiencia del hermano es buscada hasta por aquellas personas que no los tienen en la realidad. El amigo íntimo puede ser el equivalente de una relación de hermandad. Con frecuencia, las familias conformadas por un hijo único se muestran dispuestas a recibir amigos y familiares en casa, como una forma de compensar la falta de otros hijos. Esta actitud del todo favorable contrarresta uno de los riesgos de las parejas con un único niño: la tendencia a quedar encerrados sobre sí mismos y no promover el desprendimiento y la diferenciación del pequeño.
La decisión cada vez más común entre las parejas de concebir un solo hijo coloca a los padres en la incertidumbre sobre sus ventajas y desventajas. El estereotipo del hijo único es comúnmente el del niño tímido, triste y solitario que se mueve con soltura entre los grandes, pero que no juega y se le dificulta compartir. Ningún padre desea para un hijo esta imagen. Pero como la realidad se encarga muchas veces de impedir un hermano, vale para los padres tener conciencia de los riesgos que en el desarrollo y maduración psicológica del niño puede traer el estatuto de único. 
Las ventajas de no contar con hermanos las conocen muy bien quienes los tienen. En esos momentos de odio y celos cuando se anhelan todos los juguetes, toda la habitación, la computadora y hasta los padres para uno solo. ¡Qué maravilloso sería!, comentan los chicos en la cúspide de la rabia. Sin embargo, son los adultos en primera instancia quienes comprenden que sus hijos necesitan compartir y relacionarse con otros de su edad. Algunos progenitores pretenden sustituir esa falta colocándose frente a los hijos en posición de compañero: juegan en el piso, los acompañan en todas las aventuras y pretenden convertirse en sus amigos. Justamente es esta actitud –motivada en una idea de compensación– la que suele confundir a los niños sin hermanos. Un padre es un padre y un hermano es un hermano, no existe la posibilidad de intercambiar estos roles sin que internamente algo se afecte. No resulta saludable que un niño se represente como el centro de la existencia de sus padres. Fundamentalmente las madres deben desarrollar otros intereses y actividades diferentes a la dedicación a su retoño. Una mujer que dedica todo su tiempo y capacidades al único hijo que tuvo, está –sin proponérselo– creándole un conflicto profundo para su futura vida adulta.

El juego de las alianzas cobra especial importancia en las familias de tres miembros. En estos casos siempre uno quedará excluido y solo. La pareja de padres debe prestar especial atención a que el hijo los perciba como tales. Todos los matrimonios, pero especialmente los que han tenido a un único niño, deben cultivar y disfrutar de las amistades. La sociabilidad es la vía más directa para garantizar que el pequeño comparta y se relacione con otros de su edad. También será la forma en que podrá identificarse con unos padres abiertos y alegres. Cuando la familia extendida es grande, el niño se vinculará con los primos como si fueran hermanos. Sin duda, la experiencia de la hermandad resulta fundamental pues nos da la noción del otro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario